La feminización de la migración en Azuay
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- 10 feb
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Actualizado: 4 abr
Entre la esperanza y la vulnerabilidad

Cada año, cientos de mujeres azuayas emprenden un viaje que las aleja de sus hogares, sus familias y sus tradiciones. La provincia de Azuay, ubicada en el corazón del austro ecuatoriano, ha sido históricamente una de las regiones con mayor tradición migratoria del país. Sin embargo, en las últimas décadas este fenómeno ha experimentado una transformación fundamental: el rostro de la migración dejó de ser exclusivamente masculino (Unda & Alvarado, 2012). Las mujeres han pasado de ser acompañantes pasivas a convertirse en protagonistas de sus propios proyectos migratorios, impulsadas por la búsqueda de oportunidades económicas, la reunificación familiar o, en muchos casos, el deseo de escapar de estructuras patriarcales opresivas en sus comunidades de origen. Este proceso, conocido como la feminización de la migración, no solo ha reconfigurado las dinámicas familiares y sociales en Azuay, sino que también ha expuesto a estas mujeres a múltiples vulnerabilidades durante su tránsito y en los países de destino (ONU Mujeres, 2024). Comprender esta realidad es urgente y necesario para visibilizar los riesgos que enfrentan y exigir políticas públicas que protejan sus derechos humanos.
La migración femenina desde Azuay hacia destinos como España, Estados Unidos e Italia se intensificó dramáticamente a partir de la crisis económica de 1999-2000 que sumió al Ecuador en una profunda recesión (Gives Fernández & Cardoso Ruiz, 2016). Según investigaciones académicas, las provincias del Austro —especialmente Azuay, Cañar y Loja— experimentaron un éxodo masivo donde pueblos enteros quedaron habitados principalmente por ancianos, niños y mujeres que esperaban el retorno de sus seres queridos. La feminización del proceso migratorio ecuatoriano se caracteriza por la salida autónoma de mujeres que buscan insertarse en nichos laborales específicos del sector servicios en los países de destino: cuidado de niños, ancianos y personas con discapacidad, limpieza doméstica y hostelería (Unda & Alvarado, 2012).
Sin embargo, detrás de este proyecto de superación se oculta una realidad marcada por múltiples violencias y vulnerabilidades. Las mujeres migrantes enfrentan riesgos desde el momento mismo en que inician su viaje: sin documentación adecuada, sin recursos económicos suficientes y sin información confiable sobre rutas seguras, quedan expuestas a intermediarios que cobran tarifas excesivas, hacen promesas falsas o directamente las someten a situaciones de explotación que pueden derivar en trata de personas (ONU Mujeres, 2024). Durante el tránsito, la violencia sexual es una amenaza constante. Estudios internacionales documentan que, en corredores migratorios peligrosos como el Tapón del Darién, la violencia sexual se ha incrementado dramáticamente, convirtiendo el cuerpo de las mujeres en moneda de cambio.
Al llegar a destino, las condiciones tampoco mejoran necesariamente. Muchas mujeres azuayas se insertan en trabajos precarios, con salarios inferiores a los percibidos por trabajadores nacionales, jornadas extenuantes y en ocasiones en régimen de internado que las aísla socialmente (Gives Fernández & Cardoso Ruiz, 2016). La explotación laboral, el acoso sexual, la discriminación y la ausencia de amparo legal debido a su estatus migratorio irregular son realidades cotidianas. Además, enfrentan el desafío emocional de la separación familiar, la dificultad para adaptarse a nuevos contextos culturales y lingüísticos, y el riesgo de ser presionadas para adaptarse a roles de género tradicionales que limitan su autonomía (Unda & Alvarado, 2012). Para las niñas y adolescentes que migran solas o acompañadas, los peligros se multiplican exponencialmente.
La feminización de la migración en Azuay no es simplemente un dato estadístico: es un fenómeno que involucra proyectos de vida, sueños de superación y, demasiado a menudo, historias de violencia y explotación que permanecen invisibilizadas. Es imperativo que el Estado ecuatoriano, los países de destino y la comunidad internacional implementen políticas migratorias con enfoque de género que garanticen rutas seguras, acceso a información confiable, protección laboral efectiva y mecanismos de denuncia accesibles. Las mujeres migrantes no deben ser vistas como víctimas pasivas, sino como agentes de cambio que merecen migrar con dignidad y seguridad. Sus voces deben ser escuchadas, sus derechos protegidos y su valentía reconocida. Solo así podremos construir una movilidad humana verdaderamente justa.
Articulista: Fabian Bacuilima, Mgtr.
Referencias Bibliográficas:
Gives Fernández, J., & Cardoso Ruiz, R. P. (2016). Migración ecuatoriana, género y retorno en el siglo XXI. Revista Internacional de Estudios Migratorios, 6(1), 109-144. https://www.redalyc.org/journal/104/10466283006/html/
ONU Mujeres. (2024, 27 de septiembre). Las mujeres migrantes en riesgo de violencia y explotación. https://www.unwomen.org/es/articulos/articulo-explicativo/las-mujeres-migrantes-en-riesgo-de-violencia-y-explotacion
Unda, R., & Alvarado, S. V. (2012). Feminización de la migración y papel de las mujeres en el hecho migratorio. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 10(1), 593-610. http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1692-715X2012000100038




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